El nacimiento de un coleccionista
(por el Dr Jorge Girotti)
Muchas veces me he encontrado en la vida coleccionando cosas, quien sabe porqué…
De niño, tanto la pelota como la bicicleta eran una pasión. Pero también lo eran el conseguir boletos de colectivos, marquillas de cigarrillos, o la figurita más difícil del álbum, lo que ocupaba gran parte de mi tiempo. Entonces coleccionaba, pero no sabía bien el motivo…
Ahora, de adulto, me encuentro nuevamente como coleccionista, pero ahora sé porqué…
Cierto día, íbamos con mi hija del medio (la más chica por entonces…) a realizar las compras anuales del colegio. Mi señora, pulcra, aplicada, prolija, no dejaba pasar mediados de febrero sin que las chicas tuvieran sus repuestos de hojas, sus carpetas y todos los elementos que entusiasman al comprarlos… pero amargan al tener que usarlos…
En ese gran autoservicio de librería y juguetes, hubo algo que me llamó la atención. Una camioneta, antigua, verde oscuro, tan verde oscuro como los autos que solamente vi en mi niñez. Comencé a mirarla, a observarla de arriba a bajo, hermosa por donde se viera. En eso, en medio de mi traslado mental hacia la calle de esa miniatura a escala real, se acerca mi esposa, y me dice: “comprala…si te gusta comprala, date el gusto!” Mi respuesta fue inmediata, casi instintiva digamos…: “ni loco voy a gastar a los treinta y pico de años semejante cifra en un autito…”
Siguieron eligiendo cosas para el colegio, que esta cartuchera no, tiene muchos cierres, esta carpeta es la más linda… mientras, yo dejé la caja de la camioneta en su lugar, y cansado ya de tanta compra, les dije que las esperaba en el auto. En tanto, no dejaba de pensar en ese autito…qué extraña cosa hacía que yo me sintiera bien con el?
Al regreso, cargadas tanto mi esposa como mi hija por donde se las viera, iban charlando de las lindas cosas que compraron… no noté nada extraño. Todo cambió cuando llegamos a casa. Daniela, entonces de 10 años, me da un paquete…”tomá, es para vos!” Se me cruzó por la cabeza algo… pero no era posible, no quería imaginar lo que en realidad era...: la camioneta!!!! La había comprado con sus ahorros! Me la regalaba!
A partir de allí, comenzó la locura.
Cómo iba a dejar la camioneta sola? Cada vez que iba a ese negocio, le compraba compañía!!! Y fueron estacionándose uno a uno, exhibidos en mi escritorio, la biblioteca era un buen lugar, delante de los libros!
Pero claro, el lugar comenzó a escasear, los autos comenzaron a hacer fila como en un estacionamiento del microcentro en pleno horario bancario, pero estos autos esperaban para poder entrar… a ser expuestos!
Llegó así la necesidad de buscarle un lugar específico, un “estacionamiento” de autos en miniatura. Y así apareció la primer vitrina, luego la segunda, en fin…la colección.
Cierto día, me detuve a reflexionar, y me dí cuenta de que no había auto en miniatura que me gustara, que diera los parámetros a los cuales he circunscripto mi atesoramiento, que hiciera que me resistiera a tenerlo. Y comencé a investigar, dónde se compran más baratos, cuales son los mejores modelos, quienes los venden y quienes los compran…
Y también he descubierto a amigos que comparten el hobbie, lugares impensados, historias de vida… porque con cada auto en miniatura se hace imprescindible para mí también saber un poco de su historia, de qué representa, como fue creado…
Y de pronto también, por ese dulce regalo de Daniela, me he dado cuenta de que ocupo el tiempo libre en ello. No le quito tiempo ni a mis seres queridos, ni a mi estudio ni a mi labor, simplemente le quito tiempo al tiempo que no tenía ocupación. Y que bien hace a uno sentir ello, ocupar el instante remanente de las obligaciones cotidianas en algo que lo satisface.
Y que agradecido estoy al gesto de esa niña que, por amor a su papa… simplemente hizo que su padre reviviera el niño que todos llevamos dentro, ocupándose como coleccionista, ni más ni menos, que de algo que le gusta. Y ahora…sé porqué…
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